La oportunidad de todas y todos.

Nos acercamos a la temporada caliente de las próximas elecciones y el entusiasmo se mezcla con las prevenciones por los riesgos de una contienda electoral que camina sobre la cuerda floja. Lo digo porque ante algunas diferencias aparentemente irreconciliables, entre las diversas visiones de País que nos identifican, se pueden generar tensiones y paranoias innecesarias que crispen los ánimos de los candidatos y alboroten el ímpetu de los electores.

En un País con nuestras circunstancias, no nos podemos dar el lujo de caer en eso.

Cómo evitarlo?
La cultura es la herramienta!

La cultura siempre ha liderado los grandes giros de la humanidad, y, aunque casi toda actividad humana es considerada parte de la cultura, los oficios relacionados con la estética, la educación y el lenguaje generan los mayores aportes a las reflexiones y decisiones del subconsciente colectivo.
Aunque lo dicho parece obvio, pues hay que recordarlo. Porque cuando se aplica, funciona muy bien.

La Cultura Ciudadana nos remite a la consolidación de valores de convivencia, participación, tolerancia, amabilidad, hospitalidad, solidaridad, compasión, civismo, integración, diversidad, respeto, trabajo, equidad, espacio público, derechos humanos, bienestar social y Democracia.
Remitirnos a la Cultura Ciudadana como modelo de lenguaje y comportamiento colectivo, es un buen principio de Pacto Social para enfrentar las presiones y vaivenes de las próximas elecciones, convirtiéndolas en lo que realmente deben ser. “Una gran fiesta nacional de la Democracia”.

La semana pasada se inauguraron en la ciudad de Pereira las exhibiciones del XI Salón Regional de Artistas, en las que participaron talentos seleccionados e invitados de los Departamentos de Antioquia, Caldas, Risaralda y Quindío. Tuve la oportunidad de apreciarlas con el paso inexperto y desprevenido con que la mayoría de las personas nos enfrentamos a las complejas propuestas de los artistas contemporáneos, y me sorprendí de lo evidente que es la relación de vanguardia que el arte sostiene con la sociedad.

Desde esa posición vanguardista se entiende por qué la mayoría de las propuestas presentadas hacen profundas reflexiones sobre la realidad nacional y mundial, con una referencia constante a las causas y consecuencias de los conflictos armados, amenazas terroristas, o como se les quiera llamar; que vulneran gravemente nuestra condición de gente, cultura, nación y civilización.

La contundencia visual y conceptual de algunas propuestas es francamente estremecedora, y la complejidad de lecturas nos permiten ver un País más allá de las noticias o de nuestro propio entorno.
De igual manera, la participación masiva de la mujer en los oficios de la expresión y el arte, representa un movimiento de vanguardia social, que cada vez nos acerca más a la plena equidad de género, como modelo y adelanto de equidad social.

Entonces ver el arte joven y su vitalidad encantadora, con estas mujeres y hombres de espíritu limpio esperando la reacción de los visitantes ante sus obras, es vivir la cultura misma y sentir la esperanza.

Mientras observaba, pensaba: “Que bueno que la política funcionara así”

Que bueno que la política también se planteara desde una relación de vanguardia con la sociedad.
Que bueno que esa vanguardia no fuera simplemente “carreteras para el futuro”, sino más bien, nuevos caminos de pensamiento comunitario.
Que bueno que la actividad electoral se ejerciera por mujeres y hombres de espíritu limpio que esperan pacientes la decisión de los electores, sin interferir con mensajes nocivos ni prácticas desesperadas en esas decisiones.
Que bueno que la confrontación de ideas y propuestas de gobierno se diera en el espacio solemne y estético de una sociedad museo, que sí fuera capaz de atesorar todas las ideas como un patrimonio colectivo invaluable, precisamente por su diversidad.
Que bueno que quienes no obtengan el reconocimiento de los votos, fueran capaces de reconocer los méritos de los triunfadores.
Que bueno que los más reconocidos tuvieran en cuenta el destino de los que aun tienen un largo camino por recorrer y los trataran como hubieran querido ser tratados cuando empezaron.
Que bueno que las propuestas fueran autenticas, propias, derivadas de un complejo proceso de investigación y creación, y coherentes con la evolución de la humanidad.
Que bueno ser amigos por el simple factor común de desempeñar el mismo oficio y tener las mismas aspiraciones.
Que bueno ayudar a hacer posibles las propuestas de los otros.
Que bueno compartir las mismas miradas, la misma luz y el mismo recorrido para que todas y todos se vean con la misma nitidez, pero cada cual con su propia esencia, su propio estilo y su propia naturaleza.
Que bueno preocuparnos por el buen uso del lenguaje, por la buena utilización de los materiales y por la claridad del mensaje.
Que bueno razonar sobre las propuestas y conocer a sus creadores, evaluando los argumentos sin atacar a las personas.
Que bueno que frente a la posibilidad de un proselitismo irregular, la política se inunde de Cultura Ciudadana y toda la exposición de partidos y candidatos se parezca al buen ejemplo de un evento cultural y supere las actitudes primitivas de lo que a veces nos parece un coliseo romano.

Fortalecer la cultura como eje del progreso económico, es la metodología y la vocación del Desarrollo Humano. En todo el proceso electoral que ya empezamos a vivir, tenemos la inmensa, la mejor y quizá la única oportunidad de demostrarlo.
Por eso debemos reflexionar sobre la incorporación de la Cultura a la Política o sobre la Cultura como medio y objetivo de la Política Decente que necesita el País.